4 Poemas de David González
Más poemas de David González: COMPAÑÍA algunas me hacen cosquillas. otras me hablan al oído. las más cariñosas me besan en los labios. son las únicas que me hacen compañía. las cucarachas.
CONDUCTA FUERA DE LO HABITUAL la hipoglucemia está al caer. siempre anuncia su llegada con antelación: hambre, temblores, sudor frío, palpitaciones, dolor de cabeza, sensación de mareo, sensación de pinchazos alrededor de la boca. y si no la agasajas como ella cree que se merece: conducta fuera de lo habitual, confusión, doble visión o visión borrosa, convulsiones, COMA. me voy a casa, le digo a ángeles. ¿estás mal? sí, creo que sí ¿te acompaño? tienes el bar lleno de gente da lo mismo así que me acompaña hasta el portal y sube conmigo a casa y se sienta en una silla mientras mido el nivel de glucosa en sangre, y continúa sentada mientras preparo un café con leche y sigue ahí mientras devoro medio paquete de galletas. y luego, cuando ve que el color ha vuelto a mi cara, cuando está segura que la hipoglucemia ya se ha marchado, se levanta de la silla, me da un beso en los labios y regresa a su trabajo en el bar. y esto es todo, no hay más. solo quería que vosotros también lo supierais: que me acompañó.
UN HOMBRE AFORTUNADO son las 09.00. procuro no hacer ruido al levantarme. ángeles duerme. voy al cuarto de baño y me lavo las manos y la cara. entro en la cocina y enciendo el fogón eléctrico para que vaya calentando mientras abro mi estuche y saco el medidor de glucosa y le inserto una tira reactiva y saco el pinchador y le inserto una lanceta. pínchate en la parte lateral de los dedos, me aconsejó una enfermera en el hospital, así no perderás sensibilidad en las yemas. acerco la gota de sangre al extremo de la tira reactiva. al cabo de medio minuto aparece una cifra en la pantalla líquida del medidor de glucosa. 164. o sea: 34 mg por encima del nivel normal de azúcar en sangre, que antes de las comidas no debería sobrepasar los 130 ni descender por debajo de 70. a continuación, cojo la pluma precargada (y digo pluma porque su aspecto y tamaño son los de una pluma estilográfica) y le retiro el capuchón y la giro suavemente hacia delante y hacia atrás hacia arriba y hacia abajo 10 veces, hasta que la insulina se mezcla uniformemente. luego enrosco una aguja en el extremo de la pluma, selecciono las unidades de insulina (12) y me inyecto en el brazo izquierdo, por debajo de la piel. las 09.10. ángeles todavía duerme. su cabeza dentro del hueco que ha dejado en la almohada la mía. vuelvo a la cocina y me preparo el desayuno: 12 gramos de margarina, 60 de pan integral y 200 cc de leche desnatada, sola, con café, malta o té. con café. miro a través de la ventana mientras desayuno en silencio: una mujer sacude una alfombra, pasa el camión del butano, el perro de un viejo marica ataca ladrando a un patriarca gitano, el gitano amenaza al perro con un bastón, el perro retrocede pero no deja de ladrar. ángeles se da la vuelta en la cama. la miro. cómo duerme. cómo sueña. y sé que todo está bien que no tengo ningún derecho a quejarme que soy un hombre afortunado que no le puedo pedir más a la vida que es suficiente conque ella esté ahí. SIN QUE SIRVA DE PRECEDENTE son las seis de la tarde del mes de agosto. estoy echado en la cama, encima de la cama, desnudo. en una mano tengo un porro, en la otra un cigarrillo. estoy a gusto. acabo de follar con ángeles, aunque ahora que lo pienso lo que realmente hicimos fue querernos. por la ventana abierta de par en par entran los tejados de mi calle, el martillo neumático de una zanja, alguien que arranca el coche, niños. tengo sueño, mucho, mucho sueño, y lo que es mejor todavía: por esta vez, y sin que sirva de precedente, tengo ganas, muchas, muchas ganas de soñar.

